Sexualidad femenina sin culpa. ¿Qué quiero yo?

29 de septiembre de 2026 - 3min de lectura

Por ella - EVOLUCIONAMOS CONTIGO

Durante mucho tiempo nos enseñaron que el sexo tenía un lugar determinado. Que el deseo debía estar acompañado de amor, compromiso y una relación. Y que cuando una mujer se salía de ese lugar, algo había que cuestionar.

A veces eran los demás quienes juzgaban.

Y otras veces éramos nosotras mismas.

Pero crecer también significa descubrir que aquello que aprendimos no necesariamente coincide con lo que queremos.

Y ahí aparece una pregunta que puede ser mucho más difícil de responder de lo que parece:

¿Qué quiero yo?

Porque no todas las mujeres queremos lo mismo.

Algunas necesitan amor y compromiso para disfrutar plenamente de su sexualidad. Otras pueden sentirse cómodas con el sexo de manera más libre. Algunas buscan explorar, otras prefieren la intimidad de una relación. Y también puede ocurrir que lo que queremos cambie con el tiempo.

No hay una única manera de vivir la sexualidad.

Y tampoco existe una experiencia que podamos medir simplemente como “mejor” o “peor”.

Porque no es lo mismo lo que hacemos, lo que deseamos, lo que imaginamos y aquello con lo que realmente nos sentimos bien.

Podemos querer sexo y no querer una relación.

Podemos querer una relación y no querer sexo.

Podemos querer ambas cosas.

Podemos no querer ninguna.

Y podemos cambiar de opinión.

Lo importante es que podamos distinguir qué quiero yo de lo que aprendí que debería querer.

Del juicio de los demás.

De la vergüenza.

De aquello que durante tantos años se esperaba de nosotras.

Porque nuestra sexualidad también es nuestra.

Y elegir cómo queremos vivirla no debería convertirnos en mejores o peores mujeres.

Debería poder ser una elección propia.

Una elección que tenga en cuenta nuestros deseos, pero también nuestros límites, nuestra seguridad, nuestro bienestar y la forma en la que queremos vincularnos con los demás.

No se trata de hacer lo que queramos sin importar nada.

Se trata de poder elegir sin tener que avergonzarnos por aquello que deseamos, siempre dentro del respeto, el consentimiento y el cuidado.

Quizás por eso la pregunta no sea:

¿Qué relación debería querer una mujer?

Sino:

¿Qué quiero yo?

¿Qué me hace sentir bien?

¿Qué necesito?

¿Qué límites quiero cuidar?

¿Y qué lugar quiero darle a mi sexualidad en este momento de mi vida?

Porque quizás la verdadera libertad no sea hacer todo lo que podamos.

Quizás sea poder elegir sin que el miedo, la vergüenza o lo que otros esperan elijan por nosotras.

Escúchate.