Cómo identificar nuevas oportunidades, aunque no estés buscando un cambio.

Por ella EVOLUCIONAMOS CONTIGO - Tiempo de lectura 5 min

cómo identificar oportunidades

Las oportunidades que encontramos a lo largo de nuestra vida, en el trabajo, en un negocio o en un proyecto personal, no siempre están a simple vista. Muchas veces requieren de una lectura menos evidente de las variables que tenemos alrededor. No se trata solo de comprender qué está pasando en nuestro entorno, sino también de saber cómo posicionarnos dentro de él.

¿Cuál sería ese entorno? Puede ser tu familia, amistades, personas con las que trabajas, referentes de tu sector, competidores, el mercado… finalmente todos son vínculos y dinámicas entre personas.

¿Cómo puedo destacarme? O bien, ¿qué tengo que hacer distinto para ir hacia donde quiero o generar un cambio? Yo creo que la respuesta es muy clara: hacer algo diferente. Salir de las mismas dinámicas que repetimos y preguntarnos qué podemos aportar, proponer o hacer de otra manera.

Si bien no siempre estamos buscando un cambio, las oportunidades suelen estar asociadas al crecimiento, como un aumento en los ingresos (sueldo, ventas…), nuevas responsabilidades, mayor visibilidad, un nuevo aprendizaje. Si eres una persona que busca algo diferente, debes justamente hacer algo diferente. Las cosas no llegan solas y debemos estar siempre listas y tener flexibilidad para adaptarnos rápido.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Ser visibles, que nos vean justamente, saber relacionarnos con las personas adecuadas, mostrar interés, proponer ideas. Es una cuestión de actitud. Invita a tomar café a una persona con la que jamás te sentarías. Ten esa iniciativa.

Y no subestimes los vínculos que parecen más lejanos.

Una investigación publicada en Science, realizada por investigadores de MIT, Stanford, Harvard Business School y LinkedIn sobre más de 20 millones de personas, encontró que los vínculos relativamente débiles pueden tener un papel especialmente relevante en la aparición de nuevas oportunidades laborales.

Por eso es importante mantener nuestros vínculos activos. A veces las oportunidades llegan de las personas que menos pensamos. Son aquellos que hablarán de nosotras en una reunión, nos conectarán con alguien o simplemente nos harán ver una posibilidad que hasta ese momento no habíamos considerado.

¿Cómo se aprende a ver una oportunidad que todavía no es evidente?

Escuchando. Observando. Una necesidad que aparece una y otra vez, un proceso ineficiente, algo que las personas de tu entorno echan en falta o una conversación que te hace mirar un problema de otra manera. Si lo llevamos a nivel personal, también tenemos que aprender a manejar los tiempos. Hay momentos para conversar, para escuchar y otros para esperar. Ponernos en los zapatos de otra persona nos ayuda a entender no sólo qué queremos conseguir nosotras, sino también qué necesita quien tenemos en frente.

Porque una oportunidad no siempre aparece con forma de oportunidad. Muchas veces la reconocemos después, cuando somos capaces de unir cosas que hasta ese momento parecían no tener relación. Estar atentas también significa aprender a leer esas señales y preguntarnos qué podemos hacer con ellas.

Y también es atrevernos a actuar cuando vemos esa oportunidad. No quedarnos esperando a que algo suceda. Podemos tener una buena idea, ver una posibilidad o conocer a la persona adecuada, pero si no hacemos nada con ello, probablemente se quede ahí.

Haz un ejercicio

No se trata de encontrar una oportunidad de forma inmediata. El objetivo es entrenarte para mirar tu entorno de otra manera, ampliar tus conexiones y empezar a detectar relaciones entre personas, necesidades, ideas y capacidades que quizás hasta ahora estabas observando por separado.

1. Amplía tu radar

Piensa en tu entorno actual, estés trabajando, emprendiendo, buscando trabajo o simplemente planteándote qué quieres hacer después.

Elige tres personas con las que hace tiempo que no hablas o con las que normalmente no tendrías una conversación.

Después, identifica tres situaciones que hayas observado últimamente: algo que no funciona, una necesidad que se repite, una dinámica que podría mejorar o algo que crees que podría hacerse de otra manera.

No busques todavía una solución. Solo observa y registra.

2. Sal de tus conversaciones habituales

Elige una de esas tres personas y genera una conversación.

No hace falta que le pidas nada ni que llegues con una propuesta. Pregunta, escucha, cuéntale en qué estás y presta atención a lo que aparece.

Quizás descubras una necesidad que no habías visto, conozcas a otra persona, aparezca una idea o simplemente entiendas un problema desde una perspectiva diferente.

3. Empieza a conectar

Ahora vuelve a las tres situaciones que anotaste y pregúntate:

¿Qué podría aportar yo aquí?
¿Hay algo que sé hacer, una experiencia que tengo o una persona que conozco que podría contribuir de alguna manera?

No intentes encontrar “la oportunidad”. Busca conexiones.

Una persona puede estar relacionada con una necesidad. Una experiencia puede darte una idea. Una capacidad que ya tienes puede ser útil para resolver un problema que hasta ahora no habías identificado.

4. Haz algo pequeño con lo que hayas descubierto

Elige una acción concreta para esta semana: enviar ese mensaje, proponer ese café, compartir una idea, hacer una presentación o investigar un poco más aquello que llamó tu atención.

No necesitas saber todavía adónde te llevará.

El objetivo de este ejercicio no es que termines con una oportunidad delante, sino que empieces a entrenar una forma diferente de mirar, escuchar y conectar.

Porque las oportunidades no siempre llegan cuando las estamos buscando. Muchas veces empiezan mucho antes: cuando aprendemos a mirar, escuchar, conectar y actuar.